Masturbación con penetración

Cuando hemos tenido la oportunidad de platicar sobre masturbación femenina en espacios entre mujeres, nos hemos encontrado con que cuando nos masturbamos, muchas de nosotras nos enfocamos en estimular la vulva y el clítoris, ya sea con las manos, con un juguete, una almohada, etc. 

Muchas coincidimos en que sentimos mucho más placer por estimulación externa que interna (vaginal) y esto tiene todo el sentido del mundo, si consideramos que el clítoris es el órgano con más terminaciones nerviosas, mientras que la vagina tiene terminaciones nerviosas exclusivamente en el tercio externo (los primeros 3 a 5 cm) y en una proporción menor. 

A nosotras nos encanta hablar de esto, sobre todo para visibilizar que las prácticas penetrativas (culturalmente vistas como si estuvieran en un nivel superior, sobre todo si las ejerce un hombre) no necesariamente son más placenteras. Eso es anatómicamente comprensible y está perfecto. No hay nada malo en ti por el hecho de que lo vivas de esta manera.

Lo que es muy interesante es que para muchas de nosotras, la penetración sea una opción deseada para practicar en pareja pero no a solas. ¿Por qué pasa esto?


Más allá de que el glande del clítoris sea maravilloso y difícil de superar por su extraordinaria sensibilidad, consideramos que existen otros factores que pueden influir para que la penetración no sea parte de nuestro repertorio de masturbación:


  1. Concebimos la penetración como algo que alguien más debe de ejercer sobre nosotras. Muchas nos hemos sentido raras o incómodas de penetrarnos a nosotras mismas porque lo que aprendimos es que ese lugar era “para otros”. 

  2. Nos enseñaron que la penetración nos podía “quitar” algo (la virginidad), lo que para muchas significó abstenerse durante años de explorar ahí dentro por miedo a perderlo. Esto hizo que los primeros acercamientos a nuestro cuerpo tuvieran “zonas límite”.

  3. Al no conocer nuestra anatomía, cuando nos aventuramos a introducir nuestros dedos o un vibrador, nos sentimos perdidas sin saber dónde tocar, cansándonos de “no sentir nada”.

  4. La penetración en sí misma ha sido construida socialmente como “deseable” pero a la vez perversa y culposa. En muchos casos, estas ideas continúan afectando nuestras prácticas a solas o con alguien más, presentándose el cierre involuntario de la vagina, penetraciones dolorosas, etc. Esto por supuesto se convierte un BYE, no quiero penetración.

La masturbación es un proceso en el que nos reapropiamos de nuestro cuerpo y nuestra sexualidad. Al explorar y permitirnos sentir placer, ampliamos el conocimiento de nuestro cuerpo. 


En estos tiempos, la visibilidad del clítoris ha sido revolucionaria como lucha por visibilizar una parte de nuestro cuerpo que había sido negada y cuya estimulación nos permite encontrar infinitas posibilidades de placer.  Asimismo, consideramos que es súper valioso mejorar la relación que tenemos con nuestra vagina conociéndola mejor y entendiéndola como un espacio de inmenso placer, que puede y merece ser disfrutado en solitario.

 

¿Por donde empezar? 


Nuestra vagina nos conecta con lo que la psicóloga Andrea Aguilar, llama nuestras “aguas sagradas”, es decir, con la eyaculación femenina. Es a través de la estimulación de la zona G (que se encuentra en el tercio externo de la vagina) que podemos aprender a soltar el cuerpo y abandonarnos a ese placer desbordante y liberador. 

 

Punto G eyaculación femenina

 

Puedes iniciar progresivamente, estimulando primero de forma externa y poco a poco introducir tus dedos o un vibrador vaginal curveado. Explora la zona suavemente, como si quisieras tocar tu hueso púbico desde adentro. Estimula tu zona G (se siente un tejido rugoso) acariciando y haciendo círculos. Puedes combinar esto con la estimulación de tu vulva, apoyándote con un lubricante. No te desesperes si al principio no sientes mucho, poco a poco irás conociendo mejor tu cuerpo.

Vibradores vaginales

Al integrar la penetración en nuestras prácticas de masturbación entendemos mejor nuestro cuerpo y lo vemos como un todo. Descubrimos que no somos piezas separadas. Porque cuando hay penetración, el clítoris también está siendo estimulado a nivel interno y muchísimas partes de nuestro cuerpo se activan y sienten. 

La penetración es una vía bellísima de sanación sexual y conexión profunda. Un encuentro íntimo con nosotras mismas. ¡Permítete sentirlo!

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