Mi experiencia en un club swinger

Es súper común que después de unos añitos en una relación, se empiece a caer en la monotonía. Llegan momentos en los que sentimos que conocemos tanto a la otra persona que es difícil imaginarnos que suceda algo demasiado novedoso en la relación. 

Aunque ésta no era tal cual nuestra realidad (no tenemos mucho de estar juntxs), queríamos explorar diferentes opciones para sumar experiencias chidas a la relación y de paso “prevenir” la tan temida monotonía. 

Todo surgió porque yo le empecé a compartir a mi pareja mis fantasías teniendo un trío. Ya teníamos rato platicando sobre esto, pero en ese entonces yo tenía claro que era algo que veía súper lejano y prefería dejarlo como fantasía (sin llevarlo a la práctica). Solo jugábamos con la idea y no pasaba de ahí, hasta que un buen fin de semana que no teníamos planes, se me ocurrió preguntarle a mi pareja si le latía ir a un bar swinger, sólo para quitarnos la espinita de cómo son esos espacios y de pasada, calentarnos un poco. 

Foto Club swinger

 

Para ese entonces, en mis ratos curiosos ya había investigado un poco acerca de las reglas de los espacios swingers, así como algunas recomendaciones para iniciarnos en la práctica, entonces según yo me sentía súper segura de ir, aunque no le había platicado nada de esos detalles a mi pareja.

Ese mismo día buscamos lugares, incluso pasamos afuera de algunos pero ninguno nos daba tan buena espina. Por fuera se veían medio de “mala muerte” y eso sumado a todos nuestros prejuicios, no nos animábamos a entrar. Se empezaba a hacer tarde y total, no entramos ese día, pero conseguimos el dato de un club que aparentemente nos convencía, preguntamos las reglas de convivencia y nos propusimos ir al día siguiente. 

La verdad estuvo mucho mejor que fuera así, porque nos dimos el tiempo de platicar y consensuar cosas que en realidad son súper básicas y recomendadas dejar en claro antes de vivir este tipo de experiencias, como:

  • Establecer límites de cada quien.
  • Aclarar expectativas.
  • Manifestar nuestros intereses y gustos. 

Nos la pasamos toda la noche anterior platicando de qué nos llamaba la atención a cada unx de la experiencia, con qué nos sentíamos cómodxs y qué cosas preferíamos evitar. También nos dio mucha confianza que las reglas del lugar eran claras: Podías sólo entrar a ver y disfrutar de la noche y del show (ah, porque tienen show de sexo en vivo); podías también ir a conocer gente pero sin interactuar eróticamente; o interactuar e intercambiar pareja, pero todo siempre bajo el consentimiento de todas las partes involucradas.

Club swinger

 

Platicar de estas cosas ANTES y plantear diferentes escenarios, nos sirvió muchísimo para sentirnos más cómodos y segurxs de ir (lo súper recomiendo). Por ejemplo, una de nuestras reglas irrompibles para ese día era que si alguien se nos acercaba íbamos a cotorrear sin problemas, pero nada de interacción erótica, sólo “íbamos a ver”. 

Pues bueno, llegó el día y lxs dos íbamos súper nerviosxs y emocionadxs. La entrada al lugar estaba algo oscura y sí nos dio miedito, pero conforme encontramos la luz empezamos a ver que literal era como un bar, con la única diferencia de que tenía un tubo en medio donde hacían el show y algunos cuartos escondidos que en ese entonces no sabíamos cómo funcionaban. 

En general el ambiente lo percibimos súper seguro, estabamos en una orilla tomando cerveza y disfrutando del show de sexo en vivo, realmente todos estaban en su cotorreo y una que otra pareja de repende nos veía de reojo. 

Nosotrxs creíamos que en cuanto entráramos se nos iban a acercar a insinuárcenos y que tendríamos que estar cuidándonos o súper al pendiente de las personas (lo sé, lo sé, nuestros prejuicios a todo lo que da) pero nos llevamos la sorpresa de que nada que ver, todo mundo súper respetuoso y en su pedo. 

Teníamos mucha curiosidad de saber cómo funcionaba lo de los cuartos privados y le preguntamos a una mesera. No es ley de todos los clubs swingers, pero en ese lugar en específico había tres cuartos: 

  • El “Obscuro”, que es donde entra menos luz y la visibilidad no es tan buena, lo cual es bueno si eres más tímidx y/o quieres ir poco a poco. Siempre está abierto para que entre y salga quien quiera y puedes entrar a coger, fajar, ver, buscar gente, lo que quieras, pero siempre bajo consentimiento. 
  • El “Rojo”, tiene iluminación neón y el acomodo está pensado para interactuar eróticamente con tu pareja mientras los demás te ven. Tiene banquitos alrededor del cuarto y una cama en medio. 
  • Y el “Privado”, era el último cuarto y ese sí permanece cerrado. Se supone que ahí van trios o cuartetos a tener más privacidad.

Y bueno, después de toda la intro a la estructura del lugar, regresemos a mi experiencia… 

Estábamos mi pareja y yo en la zona común y conforme iba pasando el tiempo el ambiente empezaba a calentarse más y más (incluidos nosotrxs). Se empezaba a sentir una energía erótica súper fuerte porque la gente estaba bailando muy seductoramente entre ellxs, había parejas que sólo estaban viendo la interacción (como nosotrxs) y otras personas que sí intercambiaban para bailar, besarse y después irse a los cuartos. Incluso vimos a dos parejas de hombre-mujer, donde los hombres estaban sentados viendo a sus parejas mujeres besarse y tocarse.

Experiencias en club swinger

 

Todo este panorama iba subiendo la temperatura del lugar muy cañón y nosotrxs seguimos en la zona común bailando y tomando. También platicamos un poco con otra pareja que, según dijeron, también era su primera vez en el bar, pero nosotrxs seguíamos con nuestro acuerdo inicial de sólo ver, sin interactuar en un plano más “sexual”. 

Pasado ya un rato, relajadxs por el alcohol y con la certeza de que nos sentíamos ambxs a gusto, se nos antojó entrar al cuarto rojo para echar un ojito. ¡Ahí había de todo! Parejas teniendo penetración, otras entretenidas en el oral… Eran tantos y tan nuevos todos los estímulos: gemidos ajenos, caricias apasionadas, besos, miradas… Pasó lo que nunca me hubiera imaginado que iba a pasar: Mi pareja y yo estábamos tan prendidxs que de un momento a otro terminamos encerrándonos en un closet (porque timidxs) y cogimos ahí, con la excitación a tope. La experiencia de ver y escuchar a otrxs y luego encontrarnos nosotrxs fue increíble.

Sexo en club swinger

 

Al final de toda nuestra aventura nocturna, platicamos sobre nuestras impresiones: Cómo nos sentimos, lo que nos gustó y lo que no. Coincidimos en que la mejor parte de todo fue que lxs dxs teníamos súper claro qué queríamos experimentar y qué no y en todo momento nos sentimos segurxs. Esta experiencia nos ayudó a romper con un montón de prejuicios que teníamos y darnos más herramientas e ideas para fantasear con nuevas historias y escenarios, y quién sabe, quizás después llevar a cabo nuevas fantasías…

Dejar un comentario

Por favor tenga en cuenta que los comentarios deben ser aprobados antes de ser publicados