26 Las musas de mi gemido.

Sinopsis: Fer ha decidido empezar a probar juguetes, no sabe qué esperar, pero en el camino a explorar se encuentra con su estimulante visual favorito.

 

 

Así como hay momentos que viven para siempre en nuestra memoria, hay orgasmos que simplemente nunca podremos olvidar... 

Orgullosamente puedo decirles que el mío me lo di yo misma, en la aventura de explorar cosas nuevas y de animarme a buscar herramientas para mi propio placer…

La verdad es que el tema de los juguetes era algo que siempre me había puesto de nervios y, digo, creo que es normal cuando lo primero que te viene a la mente al pensar en ellos son figuras de penes plásticos gigantes y gruesos, en pocas palabras: Nada atractivo. Tenía esta idea hasta que mis amigas me enseñaron que existen muchos, muy bonitos, discretos y con funciones diferentes.

El día que llegó el primero, recuerdo estar sentada en la cama con la pequeña caja de cartón sobre mis piernas por minutos que parecieron horas, era un sentimiento excitante pero abrumador. Edeny era mi primer juguete…

Abrí la caja, lo vi y no podía creerlo… ¿De verdad ese pequeño vibrador iba a hacerme ver las estrellas? Me sentía escéptica.


La cita conmigo misma estaba lista. Unas velas, una copa de vino, yo saliendo de un rico baño caliente y música suave sonando de fondo. El ambiente perfecto y tal y como lo recomiendan muchas de mis amigas.

Yo, siendo una persona muy visual, decidí que necesitaba algo de estimulación extra. Sin embargo, no daba con algo que llamara mi atención. Fue entonces que, dando un click al azar, las vi… Dos mujeres preciosas, engarzadas en un sensual y apasionado beso, acariciando sus cuellos, su espalda. Con caricias suaves que les provocaba pequeños gemidos de deseo. Nunca había experimentado algo así pero de repente el pensamiento de dejar que disfrutaran de mi cuerpo me estaba haciendo arder en deseo. De un momento a otro, mis piernas comenzaron a sentir la humedad de mi vulva escurriendo sobre ellas.

Me recosté en la cama mientras en la tele la pasión aumentaba, al igual que mi deseo por ellas. Tomé mi pequeño vibrador y al ver el lubricante esparcirse en él, sólo podía pensar en la suavidad de la piel de esas dos mujeres que gozaban frente a mis ojos. 

Comencé a recorrer mi cuerpo, dejándome sentir las vibraciones y la forma texturizada del juguete. Acaricié mi cuello, mis hombros, mi pecho… Y pensaba en sus labios, en cómo cada una besaría cada parte de mi. 

Poco a poco fui bajando, acariciando mis pezones, mi abdomen, mis piernas. Y de repente, yo también estaba dando pequeños suspiros de placer.


Entre mis piernas abiertas podía ver perfecto la escena que tanto me excitaba,  sentirme parte de ella mientras frotaba mi pequeño juguete por mi vulva, de arriba a abajo, hasta finalmente ponerlo sobre mi clítoris y hacer pequeños movimientos circulares que poco a poco fueron erizando más mi piel.

Los suspiros dejaron de ser sutiles, las sábanas se arrugaban con el movimiento involuntario de mis pies. Aún no estaba lista para terminar, quería llevarlo al límite, así que volví a recorrer mi cuerpo mientras respiraba profundamente, recuperando el control.

Podía sentir cómo las gotas de sudor resbalaban por mi piel que se erizaba más con cada pequeño jadeo que salía de mi boca. La excitación que sentía aumentaba cada vez que levantaba la mirada para ver en la televisión a esas dos hermosas mujeres, gozando la una de la otra, con las piernas entrelazadas, rozando suave pero muy apasionadamente mientras se acariciaban a sí mismas.


El erotismo que veían mis ojos me hacía temblar. Estaba ardiendo de ganas, deseando ser parte de cada escena. Es por eso que en un intento de hacerlo realidad, me puse de rodillas en la cama, subí el volumen de la televisión para escuchar los gemidos de ambas mujeres mucho más cerca de mí y poniendo nuevamente el vibrador entre mis piernas, y montada sobre una almohada comencé a moverme, a hacer mía cada escena que veía en la pantalla.

En mi mente tenía a una con sus labios y su lengua entre mis piernas mientras la otra besaba mi cuello y masajeaba mis tetas. Luego imaginaba que mi humedad era la vulva de la otra, resbalando entre mis dedos. Las proyecciones en mi cabeza eran cada vez más apasionadas, salvajes y sucias, lo que provocaba que yo moviera el juguete con mayor velocidad y con vibraciones cada vez más intensas. Probé todos los ritmos que este podía darme mientras seguía fantaseando y suspiraba de placer. El video ya había terminado pero yo seguía disfrutando de ambas mujeres, entregando por completo mi cuerpo y valiéndome de los suyos para mi placer.


Poco a poco fui sintiendo más intensamente la electricidad recorriendo mi piel y el calor subiendo hasta la punta de mi cabeza. Mis piernas comenzaron a tensarse y mi vientre a contraerse mientras yo batallaba por respirar, fue entonces que con un enorme grito liberé toda esa energía que se había acumulado en mi cuerpo. De golpe, como si hubiera salido a respirar después de aguantar la respiración bajo el agua, solo que en vez de angustia, esta bocanada de aire venía acompañada de un inmenso placer y una liberación que no había experimentado jamás.

Caí de costado en la cama y recuerdo acariciarme un poco mientras recuperaba el aliento. Todavía podía sentir mis piernas temblando como el juguete que estaba tirado frente a mí, pero que aún no encontraba fuerza para apagar.

Suspirando, recuerdo haber pensado en lo maravillosa que había sido esa experiencia, en lo excitante de verme envuelta en una situación como la que proyecté en mi cabeza y lo mucho que me prendió un video que nunca antes hubiera pensado que fuera a ver.

Pero lo amé, me amé y al fin entendí lo que por mucho me dijeron mis amigas…

“Descubrir las herramientas necesarias para tu placer, es como encontrar las llaves al paraíso.”

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