21 Por la puerta trasera.

Sinopsis: Jimena y Raúl han probado diferentes cosas, pero falta una en particular que les entusiasma… El sexo anal.

 

 

Llega un momento en donde todo mundo queremos hacer cosas nuevas y es totalmente normal, más estando con una pareja estable. Jimena y Raúl son una pareja cuya exploración de su sexualidad ha sido la más sana, libre y amorosa. Cada semana tienen una conversación en donde hablan sobre cómo se han estado sintiendo en la relación y se dicen las cosas con franqueza; hace no mucho el tema de practicar sexo anal surgió y ambos accedieron a intentar. 

Pidieron un lubricante y un plug anal llamado Julie, que además de tener un tamaño pequeño e ideal para iniciar, tenía vibraciones que sumarían excitación. Habían estado leyendo mucho sobre el tema, sobre cómo lograr hacerlo satisfactoriamente, que no hubiera dolor, que fuera una práctica que ambos disfrutaran. Punto número uno: Tenían que estar mentalizados, jugar primero, estimular el ano, lubricarlo, usar juguetes pequeños, tenían todo el manual listo y querían pasar a la práctica. 

Una noche la situación se dio… Tenían incienso puesto, música romántica, sostenían sus copas de vino, todo estaba en su lugar para que después de unos besos, surgiera el momento de adentrarse en el mundo del sexo anal. Raúl comenzó a acariciar el ano de Jimena suavemente, nada tosco, lo empezó a hacer usando el lubricante y dando un masaje solo por la superficie. Al mismo tiempo él buscó estimular su vulva dándole sexo oral, Jimena lo estaba disfrutando a pesar de sentir dudas sobre introducir algo a su ano. Todo estaba en relajarse y relajar su cuerpo para que tuviera un buen efecto. 

De pronto Raúl elevó la estimulación chupando el ano de Jimena, masajeando con su lengua y labios. Se acostó atrás de ella en posición de cucharita para poder rozar su pene lubricado con su ano sin introducirlo, solo por fuera, simulando como si ya estuviera dentro, para después mover su pene en círculos. Al cabo de unos minutos ella sentía que estaba lista, así que por fin Raúl introdujo el juguete despacio, poco a poco, poniendo atención a la respuesta de su pareja. Una vez que el juguete estaba dentro, él lo encendió y comenzó a penetrarla despacio. Era un ambiente romántico, en donde todo estaba ocurriendo con detenimiento y cuidado. 

Después Raúl retiró el juguete, Jimena estaba complacida pero aún no terminaba la noche. Colocaron unas almohadas para que ella pudiera acostarse y se elevara su coxis a la altura del pene de Raúl y con sus piernas abiertas fuera más fácil ver cómo empezar la penetración. Mientras aquello sucedía ella se masturbaba, a Raúl le excitaba demasiado ver su clítoris erecto, que todo estuviera expuesto y a su vista. Comenzó a introducir su pene poco a poco, Jimena había logrado relajar y estimular su ano lo suficiente como para poder tener dentro a su pareja. 

Raúl jamás había sentido algo similar, el ancho del ano es algo completamente diferente. Además de que su pene estaba explotando de placer, le gustaba ver que Jimena lo disfrutaba, que él podía darle placer sin importar en donde pusiera su pene. Jimena comenzó a gritar de placer, a decir “¡Me encanta que cada centímetro de mí es tuyo, que me hagas sentir tan rico, que tu pene me llene de orgasmos y placer!”, ambos estaban en éxtasis.

Generalmente nos imaginamos que es una práctica dolorosa, pero la lección aquí es que si duele es porque aún no se está en el nivel de relajación necesario para que el ano sea penetrado. Se tiene que tratar con paciencia y comprensión, debes tener tiempo y cuidado, el ano puede ser un buen rincón si es que se trabaja correctamente. Raúl y Jimena lo habían logrado… Estaban en la cima, Jimena teniendo un squirt que mojaría el pecho de Raúl, mientras Raúl terminaba en su ano. 

Sus rostros lo decían todo: Habían descubierto algo que no querrían dejar de hacer en un buen rato. Jimena pasó su lengua por el pecho de Raúl, él volvió a chupar su ano. Todo había salido incluso mejor de lo que hubieran planeado. Era momento de acostarse y asimilar el momento lleno de pasión que habían tenido, de digerirlo para terminar de disfrutarlo, ¿era posible que aquello se hubiera convertido en una de sus cosas favoritas? Era demasiado excitante pensar que cada uno de los orificios de Jimena había sido penetrado por Raúl, que no hubiera espacio para dudas, solo para hacer, complacer, sudar, disfrutar, coger y volver a coger. 

Si vida solo hay una y vinimos aquí con estos cuerpos que tenemos ahora, no hay que negarles la posibilidad de encontrar nuevos gustos, nuevos estímulos. A veces lo que menos pensamos es lo que más nos termina gustando. 

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