19 Somos tres.

Sinopsis: Sandra y su mejor amiga deciden irse a un retiro, ellas esperaban escalar montañas, meditación y mucha paz, pero parte de encontrarse a ellas mismas es dejarse llevar ante la aparición de una tercera persona.

 

 

¿Existe algo mejor que un descanso en medio de la naturaleza? Para Sandra no existía mejor opción. Era verano, hacía calor, la vegetación adornaba cada una de las montañas y rincones del bosque, el aire estaba fresco y las noches estaban estrelladas. Ir a un retiro en un pueblo mágico es lo ideal si pasas más de 8 horas pegada a una máquina, ya sea el móvil o tu computadora y sobre todo si quieres conocer gente nueva. 

María, la mejor amiga de Sandra se uniría a ella en el verano, era el último que podían pasar juntas antes de que María se mudara a Canadá para hacer sus prácticas profesionales. Tenían en mente dos cosas: Hacer todo lo que nunca habían hecho, como escalar montañas, y otra, no negarse a ninguna experiencia nueva que pudiera ofrecerles el lugar o la gente que estaba ahí. Era decir “sí” todo el tiempo, de cierta forma era decirse que sí a ellas mismas, renunciando al miedo o a pensar demasiado las cosas. Se instalaron en una habitación con vista a pinos gigantes y un riachuelo que corría por las piedras. Era un lugar bastante tranquilo en donde la única regla era pasarla bien. 

En su tercer día, Sandra conoció a Marion, una mujer con talento para todo. Se habían conocido en la clase de yoga, en donde comenzaron a platicar sobre sus trabajos, sus familias, hobbies, música. La conversación se volvió amena al punto de comenzar a reírse y pasar el resto del día juntas. Sandra, Marion y María andaban juntas para todos lados, la convivencia en aquel ambiente de paz e introspección había provocado que brotara en Sandra un sentimiento que creía que había olvidado… Sandra era lesbiana con orgullo, pero, ¿por qué tenía que gustarle su mejor amiga y, peor aún, por qué había pensando en ella desnuda con Marion los últimos días? Era una respuesta sencilla, pero difícil de asimilar, le gustaba su mejor amiga, le gustaba Marion, si pudiera no se limitaría a probar una sola de sus bocas, haría un festín con sus cuerpos majestuosos y sus caras divinas. 

Una noche se organizó una fogata comunitaria, estaban felices tomando chocolate caliente, comiendo bombones y salchichas, estaban felices. Lo mejor fue cuando Sandra pudo pensar en ellas dos de forma sexual y corroborar que teniéndose ahí enfrente, eran todo lo que ella deseaba. María por su parte y sin que Sandra lo supiera, llevaba mucho tiempo deseándola, de hecho, se habían besado en varios años nuevos, en fiestas, en reuniones, pero había algo distinto a hacerlo sin la multitud alrededor, en privado. 

Una vez concluida la fogata Sandra, María y Marion se dirigieron a la habitación de Sandra y María para seguir conversando y escuchando música. Se sentaron en las camas y la conversación fluyó de forma natural.

- Hay algo que quiero confesar…- exclamó Marion,

- Estos días he sentido una gran conexión con ustedes y, no quiero sonar mal, tal vez lo haga, pero me gustan ambas y siento que no tengo nada que perder diciéndolo.

Sandra y María se voltearon a ver de forma simultánea, ¿qué acababa de ocurrir? ¿El universo estaba respondiendo a sus plegarias? Podía que sí y en ese caso, no había que desaprovechar. María se acercó a Marion para darle un beso, Sandra hizo lo mismo, después Sandra sintió el valor de acercarse a María. Las tres se tomaron y no querían soltarse, comenzaron a besarse apasionadamente hasta llegar a la tina, deshaciéndose de su ropa interior, quedando desnudas, tocándose, explorándose. Marion se sentó sobre el borde de la tina y dirigió a Sandra para que chupara su vulva mientras María besaba sus senos y acariciaba las nalgas de Sandra. 

Al cabo de unos minutos empezó todo: Sandra estaba abierta de piernas mientras María besaba su vulva y se divertía con su clítoris en cuatro; Marion chupaba y acariciaba el ano y vulva de María, variando de presión e intensidad. La escena se veía digna de una película erótica, sus pieles se encontraban con la de la otra, sus bocas se perseguían entre ellas y sus manos no dejaban de tocarse. Sus gemidos eran la sinfonía perfecta, se escuchaban gloriosos. Después, María y Sandra se sentaron en un sillón con las piernas abiertas y Marion comenzó a hacer lo suyo, con la boca, con los dedos, tenía a dos mujeres deliciosas enfrente de ella y ella no lo podía creer. Sandra y Maria se acariciaban y se tocaban las tetas con especial vigor. 

Como si fuera poco y para cerrar, las tres rozaron sus clítoris entre ellas, intercalando… Mientras dos de ellas disfrutaban, la otra se sentaba a ver y a masturbarse con la escena. Cuando las tres terminaron satisfechas, soltaron un suspiro al unísono. Que rico la habían pasado. 

Al día siguiente se despertaron con el mejor humor que habían tenido en meses, el sexo las había hecho revivir de cierta forma esa parte tan sensual que muchas veces olvidamos por intentar entrar en moldes convencionales. No había arrepentimiento, lo suyo había sido química sexual pura. El resto del día se desarrolló como cualquier otro, divertido, lleno de aventuras y risas, pero en la noche hubo espacio para la gran pregunta: ¿Repetimos?

 

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