13 Volando a 42,000 pies.

Sinopsis: Carolina narra un encuentro con ella misma en el lugar más inesperado: Un avión. 

 

La soltería me ha venido bien, no sé porque la gente tiene tanto problema disfrutándola, cuando en realidad es ese momento que te da la vida para poder descubrirte como ser humano, o al menos eso es lo que pienso y siento en este momento. No le debo explicaciones a nadie, gasto mi dinero en mí, como en este viaje que estoy por hacer. La razón de mi viaje no es otra sino el poder ver a mi mejor amiga de la infancia que hace 5 años se mudó al norte del país. 

¿Alguna vez han sentido como el calor sube a sus mejillas y se colorean de rojo? Eso mismo siento. Tengo pensamientos encontrados. Siempre he sido una mujer que quiere vivir cosas nuevas, que no se cansa de explorar las posibilidades que la vida le pone enfrente. Quiero portarme mal. Quiero tocarme apenas tenga la oportunidad. 

Estoy en la fila por fin esperando a sentarme en el avión, escucho voces pero no lo que dicen; veo caras pero no sus expresiones; existo pero en mi propia nube de fantasías. ¿Cuál será la siguiente que deba cumplir? Ya tengo algo en mente pero de tan solo pensarlo el bochorno vuelve a mí e incluso comienzo a sentir el sudor en mi espalda. Me siento, afortunadamente no tengo que compartir espacio con otras personas, a lado mío hay una fila completa vacía, soy yo viendo hacia la ventana imaginando lo que viene… 

Me levanto hacia el baño, tengo mis pensamientos a tope, pienso en todas las posiciones sexuales que me vuelven loca, en aquella vez que cogí con una persona en la terraza de un hotel, la vez que una ex pareja y yo decidimos hacerlo en el balcón del departamento, o de cuando me fugué a una playa nudista para terminar en la cama con una brasileña. He tenido muchas aventuras, sin duda, y no importa en donde esté o a donde vaya, me gusta vivir la vida al extremo. Ésta es la única vida que conozco siendo yo, con este cuerpo, en esta cabeza, con este espíritu insaciable de aventura. 

Cierro la puerta del baño, me veo en el espejo, me quito la ropa, llevo conmigo mi juguete favorito, me lo vendieron con el nombre de POM pero yo le he puesto el frijol mágico porque literalmente es un frijol que me llena de placer, como ningún otro. Tengo la vulva húmeda, los senos descubiertos y mi reflejo diciéndome “Tengamos un orgasmo”. La adrenalina es un factor que hace todo en automático más sexy, es decir, el piloto, su copiloto y el equipo de tripulación no tienen idea de que una mujer se ha encerrado en el baño porque quiere tocarse. 

Recargo la mano en una de las paredes, estoy casi en cuatro, pongo mi atención en todo lo que me ha hecho explotar, en las cosas que me gustaría hacer, las personas con las que me gustaría estar. Estoy en éxtasis tratando de poner prisa porque sé que podría haber gente esperando a pasar. Mi vulva comienza a palpitar, siento el bochorno de nuevo invadirme de pies a cabeza. No lo puedo evitar y se me escapa un gemido, no muy fuerte, pero lo suficiente como para que una de las tripulantes toque a la puerta: 

- ¿Estás bien? preguntó.

- S-sí, gracias, respondo.

¿En qué piensas tú cuando quieres terminar? Yo pienso en esa vez de la terraza, en mi cuerpo a la intemperie, en la gente que pudo verme rebotar y pensar que le excitaba lo que veía. Pienso en cómo el personal del hotel pudo haber llegado y llamado nuestra atención, pero en vez de eso, dos de ellos se escondieron para vernos, ellos piensan que no los vi, pero los vi, justo detrás de unos tambos que estaban ahí, a lado de la puerta. Recuerdo con nitidez la cara de aquel venezolano guapísimo con el que estaba cogiendo, verlo gimiendo, gozando, haciéndome de todo, abriéndome las piernas para poder pasar su lengua por mi vulva, en como yo pase mi lengua por su cuerpo. Fue un encuentro lleno de todo lo que está bien en esta vida… Dos personas que no se conocen en absoluto y de repente se arrancan la ropa en el lugar menos esperado. 

Y ahora me concentro en el aquí y ahora… Yo sintiendo placer conmigo misma, dándome el mejor sexo de mi vida, viviendo mis fantasías, haciéndome mía con cada orgasmo. Vivir la vida conmigo debe ser la mejor decisión que he tomado. De repente lo siento venir, mis piernas tiemblan, mis boca se abre, mis ojos se cierran, trato de contener mi grito de placer cuando de repente exploto, sin hacer ruido, claro. Estoy sudando, estoy temblando, pero que rico me la estoy pasando.

Abro la puerta, está un hombre un tanto mayor esperando pasar…

- Lo siento, algo debió haberme caído mal. (Mis nervios estaban hablando por mí).

Sentía una especie de emoción extraña de pensar que pudiera haber algo en mí que me delatara. El rubor, la piel húmeda, el olor a sexo, ¿podrían olerlo? Yo lo llevaba impregnado en la piel.

Que rico es conocerte, el poder seguir explorando contigo, que no necesites nada más porque tú te tienes y por supuesto, de vez en cuando a alguien con quien divertirte y compartir la piel y los besos. Pero sí, que rico es el placer cuando no tienes limitaciones en la cabeza, cuando rompes con las reglas de cómo debe vivirse la sexualidad, y más siendo mujer. Ahora lo entiendo… Todas somos dueñas de nuestro placer si así lo queremos.

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