Lo que he aprendido del sexo gracias a Tinder

Escribir sobre sexo es escribir sobre la relación que llevo con mi cuerpo, que ahora se ha convertido en mi mejor amigo. Durante muchos años tuve mucho miedo de mostrarlo, porque encontraba en él un montón de cosas que no me gustaba que estuvieran ahí… piernas con celulitis, estrías, pelitos, flacidez, granos, etc.  Cosas que en realidad no eran tan significativas, pero que en ese momento mi perspectiva de mí las volvía lo único y más importante, porque no me permitía mirarme con ternura ni sentirme digna de disfrutar.


Muchas veces he escuchado: “la que coge con todos es porque está sola y vacía, pretende encontrar en el sexo lo que no encuentra en si misma”, y aunque esto puede llegar a ser cierto en algún sentido, en mi caso te juro que no es así.  Ahora estoy convencida de que si queremos, podemos pasar páginas y páginas de aventuras sexuales sin quedar “emocionalmente vacías”. Porque el problema no es la cantidad de sexo, sino todos los mitos que hemos construido alrededor de él. Atender mi deseo y disfrutar libremente de mi sexualidad surgió de un compromiso diario de escucharme a mí misma más allá de todo lo que me dijeron que “debía” o no ser, fue resultado de hacerme caso y voltearme a ver, después de muchos años de abandono físico y emocional. 


El camino a mi placer


No fue tan simple como abrir Tinder y comenzar a coger con diferentes personas para aprender a disfrutar del sexo en libertad. En realidad esta experiencia fue parte de un proceso de amor propio intenso, donde luego de pasar por una situación personal muy difícil, decidí ponerme en prioridad. Comencé a cuidar de mi cuerpo y mis emociones cada día, buscando lo que realmente me daba paz a cada momento, disfrutando hacerme algo rico y sano de comer, viendo a mis amigas, consintiéndome con cositas que sé que me gustan.


Con la llegada de la pandemia y la reducción de las posibilidades de socializar y conocer gente, Tinder fue el espacio en el que aprendí a mediar el “aprender a disfrutar mi soledad” con mi necesidad (totalmente válida y normal) de recibir apapacho de alguien más. Me propuse renunciar al enfoque de estar en la búsqueda de “que una persona me quisiera” para tornarse completamente a “elegirme a mí” y casi como mantra, mientras caminaba me repetía esa frase: “me elijo a mí”. Poco a poco, teniendo eso muy presente, mis encuentros con otras personas y el lugar desde el que empecé a relacionarme fue otro. Y ahí aprendí mucho sobre mí, pero también sobre el sexo.


  1. Ser autónoma siempre valdrá la pena.


En este mundo taan machista, pocas personas entienden que una mujer sea capaz de gozar tanto de su propio cuerpo. En el caso de algunos hombres, puede pasar que lo disfruten mucho una noche, sin embargo, luego les lleguen inseguridades y se sientan intimidados porque se te ocurrió sacar un vibrador, o tienes condones listos en tu mesita de noche. Esto puede llegar a ser muy frustrante y en ocasiones puede destapar algún miedo o culpa, pero recuerda: No le debes nada a nadie. El punto del encuentro es disfrutar, es válido que hagas uso de tus recursos y que cuides tu salud sin vergüenza ni culpa. Cuando encuentras a alguien que sabe entender que eres capaz de proporcionarte placer a ti misma y lo celebra contigo, te aseguro que la experiencia es sublime. 



  1. Mi placer es MI responsabilidad, su placer es SU responsabilidad.


El placer está en muchos otros lados. Cuando te la estás pasando poca madre porque la plática es deliciosa, se besan súper rico y estás disfrutándolo todo, el encuentro será maravillosamente placentero, incluso si no hay orgasmos. Muchas veces el orgasmo es muy difícil de lograr con una persona, al menos para mí, por eso no me frustro si no termino.


Pero también hay veces en que puedo tener muchas ganas de terminar, y en esos casos, está increíble tomar parte en la situación y pedir lo que creo que voy necesitando para pasarlo mejor: dale por aquí, voltéate, dame besitos acá, pon tu dedito aquí, háblame, etc. 



  1. Saber parar, si algo no se siente bien, no va a funcionar. 


En Tinder hay muchos perfiles, y bueno, obviamente no conoces bien a la persona ni la situación por la que está pasando. Me pasó con un vato con el que salí que todo iba de maravilla pero luego me confesó que no estaba tan separado como me había dicho. Al principio le dije que no había bronca, más movida por la atracción por él, pero luego me empezó a gustar un montón y supe que tenía que parar porque en realidad sabía que no tenía nada que ofrecer e iba a salir lastimada. Si algo he aprendido es que por sobre todas las cosas tienes que estar tú. No te hagas wey si sabes que alguien no es para ti, porque el sexo también puede atarnos.



  1. No siempre tengo que coger para disfrutar.


Existen otras dimensiones de la sexualidad que son deliciosas. En mi caso, sentirme atractiva, observada, disfrutada, es una de ellas. La tensión que existe antes de dar un beso, el roce. La emoción o insistencia de alguien que desea verme, que me coquetea, que me dice ¡buenos días!, que me pone likes en todas mis fotos o me dice lo mucho que le gusto. Todo eso me hace sentir fuerte y libre para decidir.


Cuando estuve un poco cansada de encuentros casuales, sentí la necesidad de establecer conexiones más profundas, no necesariamente relaciones formales, pero sí amistades. Y ¡oh sorpresa! Es posible cachondear entre amigxs y que no suceda más. Siempre que haya honestidad de ambas partes, la experiencia es súper chida y disfrutable.



  1. Nadie puede hacerme daño con mi propio cuerpo.


La pandemia ha hecho que el sexting se vuelva una cosa súper común y la verdad es que juguetear por medio del celular enviando fotitos o videos puede ser muy divertido y estimulante. Todas hemos tenido miedo de que nuestras imágenes de pronto aparezcan en la red o estén circulando por los whatsapps de personas, y sobre todo que un día lleguen a un conocido que pueda sentirse incómodx o cambiar su perspectiva de ti. Pero ¿sabes qué? Todxs somos seres sexuales, todxs cogemos y todos tenemos cuerpo. Si tengo una foto desnuda y circula en redes, ¿qué tengo que esconder? Es solo un cuerpo para los demás, unas chichis como miles que hay en la red. Me rehúso a sentir vergüenza por algo tan mío, algo que me ha dado tanto placer y bienestar.



Creo que lo más valioso para mí al abrirme a conocer plataformas de este tipo ha sido el aprender a cuidar siempre de mí, abrazarme, sentirme satisfecha, merecedora, chula, frágil, pero ante todo digna y capaz de romper estructuras socioculturales que me estorbaron durante tanto tiempo, reprimiendo algo tan mío, tan nuestro. Tinder ha sido sólo una herramienta para re-descubrirme a mí misma en relación con mi cuerpo y mi ser, para saber y hacerme cargo de lo que quiero y lo que merezco tener. 

 

S.

REDACTORA INVITADA.

2 comentarios

  • Me
    Encantó este artículo! Estaría increíble si lo hacen podcast 👏🏼

    Meliss
  • Gracias por compartir. Yo conocí Tinder mucho antes de la pandemia y coincido en que más allá del sexo, es una aplicación que te ayuda a estar más en contacto con tus deseos, con lo que te gusta. La interacción que llegas a tener te hace sentir más cómoda contigo misma. Te da la posibilidad de explorar nuevas formas de relacionarte más allá de lo convencional.

    YAS

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