Incompatibilidad sexual, ¿existe?

Generalmente entendemos la incompatibilidad sexual como una diferencia irreconciliable respecto a gustos, ritmos, formas, frecuencias y deseos en una pareja. Y ojo, porque como comentamos en nuestro último live con la Dra. Fabiola Trejo, una cosa es la atracción ese empujoncito que nos produce deseo y nos acerca a una persona y otra cosa es esto que hemos mal llamado incompatibilidad sexual.

No es que neguemos que la química juega un papel en nuestro erotismo, sabemos que hay personas que nos pueden llegar a atraer (por su apariencia, olor, etc) y otras que no. Pero, ¿qué pasa cuando dos personas sí se atraen y al momento de tener relaciones sexuales no fluye? ¿O cuando en una relación a una de las partes le gusta tener ciertas prácticas que a la otra persona no? 

Muchas parejas se han encontrado en esta situación, viviéndolo con muchísima frustración e impotencia, pensando incluso que el pronóstico de la relación no es favorable porque la química sexual les ha jugado en contra. Pero, ¿realmente existe la incompatibilidad? ¿Es cierto que no podemos disfrutar del sexo cuando se presentan estas diferencias? 

En lo personal, creo que más que incompatibilidades, existen algunos factores relacionados con la manera en que culturalmente aprendimos a relacionamos sexualmente, que pueden limitar la forma en la que vivimos nuestro erotismo. Les comparto algunas ideas: 

 

LAS EXPECTATIVAS

1. Sobre la pareja.

Por más deconstruidxs que estemos, el peso del amor romántico y la fantasía de encontrar a la media naranja esa persona que encaja perfecto conmigo y que quiere lo mismo que yo sigue siendo una limitante en el ámbito sexual, en primer lugar porque cada persona es un mundo y no podemos congeniar en todo ni todo el tiempo, y en segundo lugar porque depositamos en la otra persona la responsabilidad de complacernos sexualmente. Así, cuando parece que no queremos lo mismo o no “nos encontramos el modo”, nos sentimos decepcionadxs.

2. Sobre el sexo.

Muchas veces, ya sea por influencia cultural, o por otras experiencias que tuvimos, depositamos una cantidad impresionante de expectativas en el sexo. ¿Qué tan abiertxs estamos realmente a que las cosas sean diferentes a lo que pensamos que es el “buen sexo”? ¿Qué tan abiertxs estamos a salirnos del patrón preestablecido, de lo que creemos que ya sabemos, para experimentar lo que cada encuentro tiene para nosotras?

De la mano con el amor romántico, aunque también más allá de él (la pornografía por ejemplo), hemos construido una idea de sexo perfecto donde pareciera que las cosas tienen que darse solas y mágicamente, sin comunicación ni discordancias. Esperamos que nuestra pareja esté en sintonía con nosotras, que ambxs sepamos exactamente qué y cómo le gusta a la otra. Suponemos que siempre tiene que haber orgasmos, pasión desbordada, fuegos artificiales, etc. De ahí que, cuando esto no pasa, consideremos que el sexo con la otra persona es malo y que probablemente la química sexual es la causante de que no disfrutemos.

 

ALGUNAS REALIDADES

1. El placer sexual se practica y aprende. 

Tanto con una misma, como en pareja, nuestro placer se va descubriendo. Disfrutar un encuentro requiere apertura a lo desconocido, empatía, comunicación y mucha exploración. El erotismo en pareja se habla, se practica, se aprende. No es algo innato, sino experiencial. No porque en un momento no fluya tan fácil significa que esto no puede cambiar.

2. Existen muchas formas en las que podemos erotizarnos.

Una dificultad con la que constantemente nos topamos, es que tenemos un concepto muy cerrado de lo que es el sexo y de cómo se practica. En muchos casos, el repertorio erótico se limita al coito o la estimulación aislada de los genitales, pero nuestra capacidad erótica es muy amplia, y por lo tanto existen muchísimas formas en las que podemos procurarnos placer de forma conjunta.

 

3. La “compatibilidad” viene y va.

Más allá de una “química”, sobre la cual nos sentimos totalmente imposibilitadas para intervenir, existen diferentes factores que pueden facilitar un encuentro satisfactorio. Esto va desde el estado de ánimo de ese momento, el nivel de confianza, comunicación y/o apertura que existe, el contexto en el que suceden dichos encuentros, el nivel de autoconocimiento que tenemos sobre nuestro placer, e incluso el consumo de ciertas sustancias que pueden favorecer o dificultar la excitación. 

Cuando hay situaciones de la pareja donde la comunicación, la confianza o cualquier otro factor está dificultando la exploración juntxs, siempre existe la posibilidad de trabajarlo a través de terapia (y eso no está mal, al contrario, es una súper oportunidad de crecer). 



A modo de conclusión.

Mirar nuestro erotismo desde otro lugar, alejándonos de aquellos “deber ser” que la cultura patriarcal y el amor romántico nos han impuesto como verdades únicas, y decidir vivir nuestra sexualidad con el placer como eje rector, es renunciar a las narrativas que nos hablan de que existen personas esencialmente “incompatibles” porque: 1) nuestro erotismo es infinito, y 2) el placer está inserto en nuestro cuerpo, no en las otras personas. 

Sabiendo que en realidad es muy difícil que dos personas coincidan completamente en gustos y preferencias eróticas, y que las relaciones de pareja pueden tener fortalezas que van mucho más allá de lo sexual, una propuesta sería buscar una comunicación empática y basada en el cuidado mutuo, donde se compartan inquietudes y vivencias de placer, así como la apertura a explorar cosas nuevas, viendo las diferencias como oportunidades y no como barreras. 

Convencidas de la gran capacidad que tenemos de disfrutar más allá de lo que nos enseñaron que era el sexo, y sabiendo que nuestros gustos y deseos no están preestablecidos, sino que son dinámicos y se pueden construir junto con otrxs, la invitación es a vivir nuestras relaciones y encuentros como posibilidades de expandir nuestro erotismo para descubrir aspectos nuevos sobre nosotras mismas y sobre la otra persona. ¡Normalicemos el placer compartido dinámico y creativo!

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