El mito del "orgasmo vaginal" y por qué es importante hablar de esto.

¿Es normal que nunca haya tenido un orgasmo durante la penetración? ¿Cómo puedo tener orgasmos vaginales? Estas preguntas son de lo más común, sobre todo en el caso de mujeres cis que se relacionan eróticamente con personas con pene. ¿Alguna vez has pensado que algo no funcionaba bien en tu cuerpo por no tener orgasmos durante el coito?

A mí me pasó. Aunque conocí los orgasmos desde la adolescencia, estimulando mi clítoris por encima de la ropa interior, la verdad es que al tener coito yo esperaba tener otro “tipo de orgasmo”. Sentía cosas (al principio casi nada) y pensaba: ¿Será que ya tuve un orgasmo vaginal? ¿Así es como debería sentirse? Aunque la experiencia de estar con otra persona y todo lo que sucedía me gustaba mucho y me excitaba, ni de lejos sentía esa sensación bien conocida por mí, esa explosión que recorría todo mi cuerpo y me desconectaba por segundos de este planeta.

Ahora me da risa pensar que durante taaanto tiempo dudé seriamente si había tenido un orgasmo, aunque yo sabía perfectamente lo que era uno y “eso” que sentía durante la penetración, claramente no lo era. Lo más loco, y la razón por la que considero que es importantísimo que lo hablemos, es que no soy la única que ha transitado esta misma duda. 

Toda esta confusión sobre si existen diferentes tipos de orgasmos, así como la ausencia de éstos durante los encuentros sexuales, es DEMASIADO común en las mujeres, y aunque me queda claro que no tendría que ser así, tiene un origen evidente en la cultura patriarcal y heteronormada en la que crecimos. De esta cultura quisiera resaltar 3 características que considero están muy vinculadas al problema:

 

1. Coitocentrismo.

Nos vendieron la idea de que el coito era la práctica sexual más importante y se estableció casi como sinónimo de “tener sexo” (culturalmente, iniciar tu vida sexual es tener penetración vaginal), dejando como “complementarias” otras prácticas mucho más placenteras para nosotras, como el sexo oral, la masturbación, etc. Esto ha sido benéfico para los hombres, pues la penetración tiene condiciones muy favorables para su placer, sin embargo, la realidad es que la vagina tiene muy pocas terminaciones nerviosas (tan pocas que incluso puedes colocar una copa menstrual y no sentirla) y es por eso que estimularla aisladamente difícilmente nos lleva al orgasmo.   

 

2. Invisibilización del clítoris y negación del placer femenino.

La sexualidad de las mujeres fue construida a partir de la concepción de la vagina como equivalente al pene, cuando en realidad su centralidad es meramente reproductiva y no erótica. El clítoris, órgano central para nuestro placer y productor de nuestros orgasmos gracias a sus más de 8,000 terminaciones nerviosas, ha sido invisibilizado y hasta la fecha muy pocas personas conocen su anatomía completa o saben cómo estimularlo. Esto se suma a que las mujeres fuimos socializadas para cumplir el rol de complacer, incluso a costa de nuestro propio placer, por lo que se volvió común que las mujeres aceptemos esta condición donde nuestro placer es secundario o incluso inexistente en nuestras relaciones.

 

3. El mito del orgasmo vaginal.

El iniciador de este mito tan dañino fue Sigmund Freud, al inventar que existían dos tipos de orgasmos: los "vaginales" y los "clitoridianos". Lo peor de todo es que establecía que lo “normal” era que las mujeres adultas tuvieran orgasmos vaginales, asegurando que las mujeres que tenían orgasmos clitoridianos eran “frígidas” e inmaduras sexualmente, por lo que debían ser atendidas psiquiátricamente. 

En 1970, la feminista Anne Koedt escribió un ensayo maravilloso titulado “El mito del orgasmo vaginal”,  donde por primera vez se problematizó la existencia de este concepto, a la luz del feminismo e investigaciones sobre el cuerpo de las mujeres, que daban cuenta de que se había “normalizado” algo que anatómicamente no tenía sentido. Lo que la ciencia indica es que un orgasmo es un orgasmo y sin importar cuál haya sido el área estimulada, la respuesta física es la misma y se manifiesta en el clítoris (se erecta al igual que el pene y manda señales al cerebro), incluso en el caso de los orgasmos que surgen mientras dormimos o fantaseamos sin tocarnos. 

Desde esta perspectiva, el hecho de que en algún momento tengamos orgasmos durante la penetración sin una estimulación consciente y voluntaria del clítoris, puede deberse a que éste se encuentra más cerca de la entrada vaginal (depende de la anatomía de cada persona), la práctica de ciertas posiciones en las que hay mayor fricción de la vulva, etc. No corresponde a un “tipo de orgasmo” distinto ni tendría que comprenderse como “ideal” ni más saludable. En resumen: no existen los tipos de orgasmos, sólo son orgasmos y listo, y en todos ellos el papel del clítoris es súper importante.

 

A lo largo de la historia, nos hemos enfrentado a toda clase de imposiciones en torno a cómo, cuándo y con quién deberíamos vivir nuestro erotismo. Crecimos con una idea de “normalidad” que además de negar la existencia de un sinfín de posibilidades de vida, relaciones e identidades, está sostenida en mitos cuya finalidad ha sido siempre controlar y someter los cuerpos, especialmente los de las mujeres. Por eso, aunque hace más de medio siglo se esclareció que el “orgasmo vaginal” no existía, su ausencia en la realidad sigue siendo causa de muchísima frustración en mujeres alrededor del mundo. El deseo de adecuarnos a lo que se espera de nosotras, a partir de suposiciones falsas sobre nuestra anatomía, es una de las muchas cosas que hoy nos toca desaprender. 

Tenemos todo el derecho del mundo a buscar que nuestras prácticas penetrativas sean más placenteras, y existen muchos medios que pueden favorecerlo (lubricantes, vibradores, etc), pero a la par de ello, me parece que es igual de importante que abandonemos estas viejas narrativas que nos han patologizado, haciéndonos creer que algo está mal con nosotras.

Conocer nuestra anatomía y entender cómo funciona, explorar nuestra vulva para descubrir lo que nos gusta, gestionar nuestros orgasmos cuando estamos con alguien más, son maneras en las que podemos apropiarnos de nuestra sexualidad. No está mal ni es un problema que necesites estimular directamente tu clítoris para tener un orgasmo. No está mal que uses un vibrador. No está mal que tú también quieras disfrutar. Tu placer importa. Tu placer es tuyo. No dejes que nadie te diga cómo deberías vivirlo.

1 comentario

  • Chicas mil gracias por este artículo esta maravilloso, yo tmb durante años pense q tenía problemas x q no tenía orgasmos al penetrarmecy no saben lo frustrada q viví hasta me llegué a sentir menos, pero ahora gracias a investigar y a ustedes he logrado entender mas mi propio sexualidad. D verdad mil gracias, me encanta su trabajo y sus talleres, nunca paren.

    Perla Estañol

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